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La caída que sacudió nuestro domingo

Un domingo diferente con una caída como protagonista.

El 1 de noviembre del 2020 hubo toque de queda en la ciudad.

Por lo tanto al no poder salir, pues buscamos que hacer para pasar el rato, no es que necesite de mucho, yo me entretengo fácil, pero mi marido si le da rasquiña estar sin hacer nada.

Así que como tenía pendiente tapar unas goteras se subió aprovechando el buen tiempo y que de una vez se animó a limpiar las lucetas.

Charla familiar con papá tras el accidente

Así que manos a la obra. Se fue todo animado, yo me quedé haciendo limpieza a la bodega.

Ese día estábamos de buen ánimo para hacer oficio.

Pero todo cambió de un momento a otro

De un momento a otro lo sentimos destapando las tejas y preguntado por dónde era el chorro que caía.

Le indiqué el lugar y luego me fui a seguir haciendo la limpieza en el último cuarto.

Cuando de pronto se oye un estruendo de vidrios rotos.

Yo pensé «al fin se cambiará esa luceta que estaba partida» y me asomé rápidamente y que veo a mi marido como un muñeco encima de una vitrina.

Mi hijo que estaba en el otro negocio también había corrido a ver qué pasaba y entre los dos lo cargamos y lo colocamos en la perezosa.

La primera impresión fue que había quedado empalado, pues la vitrina donde cayó tenía unas estacas con vidrios.

Por eso al caer volaron vidrios por todos lados, y no se le veía sino la cara llena de sangre.

Parecía que hubiera perdido el ojo, la sangre no dejaba ver nada.

Me recordó a terminator cuando sale con ese ojo brotado todo rojo.

Al colocarlo en la perezosa le digo que hay que llevarlo al hospital para que lo cosan y el dice: «no, que va, ya me lavo la cara y listo».

El todo terco y pensando que no era nada. Así que se paró solito y se fue a lavar la cara. Al verlo así, le digo: «no, hay que ir a que lo cosan pues tiene todo descolgado».

La parte de la ojera se le había abierto, eso se veía un colgandejo todo feo.

Yo trato de llamar a alguien pero no encontraba el teléfono. Necesitaba una ambulancia, un taxi, pero no sabía a quién llamar.

Salí a la calle a llamar a los vecinos del frente, pues son los únicos que estaban a mano.

Al verme toda ensangrentada un señor que pasaba en una moto se detuvo a preguntarme qué me pasaba, le dije que mi marido se había caído del techo y que necesitaba un taxi, los vecinos ahí mismo corrieron a la casa.

El vecino ayudó a mi marido a que estuviera acostado en el piso. Le paso una toalla para que se tapara el hueco y no se desangrara por ahí.

Luego le preguntó que si se podía sentar y él se fue parando como si nada. Pero a la final se sentó en una silla mientras llegaba el taxi.

Mi hijo lo acompañó al hospital y pensé que me iba a desentender de ir por allá, porque poco me gusta ir a estos sitios.

Pensaba: va, lo cosen y seguro vuelven rápido. Toda optimista.

Los vecinos que ayudan en momentos de necesidad

Mientras tanto con los vecinos recogiendo los escombros y que había que tapar el hueco que se hizo al caerse la luceta.

El vecino estaba preocupado, pues parecía que iba a llover y si eso pasaba la mojada era mucha.

En esas estábamos, yendo a la casa del señor que vende materiales para que nos facilitara algo para tapar el hueco, ya que al ser domingo no había nada abierto.

Él muy preocupado fue a su negocio y nos facilitó unas hojas de Eternit pequeñas, pues su fuerte no es la venta de este material para los techos.

Pensamos que nos serviría y nos lo llevamos.

El vecino se subió con su escalera a tratar de acomodar estas tejas allí, pero era muy incomodo, no cazaban y se estaba complicando la cosa.

En esas que llama mi hijo y me dijo que tenía media hora para que subiera al hospital porque a su papá lo iban a trasladar, y él quería que yo lo acompañara.

Eso me puse a toda carrera a alistar la maleta, los vecinos me trajeron un maletín, crema dental, jabón de baño, papel higiénico, gel antibacterial y hasta plata me dieron.

Todos me aconsejaban qué llevar, que si cobijas, toallas, sábanas, ropa cómoda..

Todos pendientes de que no me faltara nada, y ellos se quedaron allí haciendo minga para taparme el hueco que quedó en el techo.

Pasando unos días en el Hospital

Y llego al hospital, y ya le habían hecho las primeras curaciones y tenía la cabeza con un turbante y la mitad de la cara tapada.

Pasamos allí la noche a la espera del traslado a otra ciudad. Lo bueno es que al menos lo pasaron para un cuarto donde estaba solo.

Me tocó salir e ir a la casa por comida para llevarle, pues al parecer no estaba planillado para la comida ese día.

A la final pude amanecer ahí en otra camilla.

Lo bueno es que él es un paciente muy paciente,. No se quejaba, nada le dolía y hablaba por teléfono con sus hijos y amigos como si nada.

Hasta bromas nos echábamos de las mejoras que le harían en la cara.

La hija de Armenia se pegó el viajecito para verlo personalmente, pues no confiaba en lo que le decíamos.

Lo vio y regresó tarde de la noche, pues su pareja tenía que madrugar a trabajar, pero al menos quedó tranquila y vio que la cosa era grave, pero no tanto.

El vecino me llamó tarde y me informó de que me habían tapado el hueco entre varios vecinos más que llegaron y colaboraron.

Eso me quedó muy bien tapado el techo y hasta el momento y con estos aguaceros no ha caído ni una gotera.

Aparte de que estuvieron pendientes de subirme comida.y todo.

Parece que tengo los mejores vecinos del mundo y no me había dado cuenta de ello, pues hemos tenido muchos cambios a través de los años.

Al otro día, era lunes festivo y me fui temprano para traerle el desayuno.

Cuando llegué al rato ya habían más clientes en el hotel. Se llenó todo el cuarto con más pacientes, pero todos iban de paso.

Mi hermana me llevó el almuerzo. El paciente almorzó allí, pues lo estaban atendiendo a cuerpo de Rey.

Aunque no se sabía cuándo sería el traslado pues no encontraban una clínica que lo recibiera, y el caso apremiaba pues la herida en la cara era peligrosa que le sanara como estaba.

Las enfermeras de allí se estaban dando prisa, pero la EPS era lenta y no nos daban muchas esperanzas de salir pronto de allí.

Eso nos decían «con esa EPS, se pueden demorar hasta 15 días para que le den el traslado».

En definitiva no nos daban muchos ánimos.

Por la tarde desocuparon y nuevamente quedamos solos.

Esa noche le dieron comida y vino la hija y me reemplazó. Al fin habían dado con una clínica que lo recibiría al día siguiente, aunque la salida estaba programada para las 6 de la mañana.

Me fui a descansar a mi camita y a madrugar para estar a la hora prevista.

Las aventuras de un traslado de hospital en tiempos de Covid

Salimos a las 6 de la mañana, atrás el paciente con una doctora y yo adelante con el conductor.

Y en el trayecto la ambulancia se pinchó y no quiso andar más. Mientras le cambiaban la llanta paso un buen rato.

El conductor no quiso aceptar ayuda de los que pasaban y se la ofrecían, pues, según él era autosuficiente.

Eso sudó la gota gorda, hasta que llegó la hija de mi marido y su pareja, que le ayudo un poquito y al fin pudieron poner a andar la ambulancia y seguir el viaje.

Que si hubieran llevado a un paciente a punto de morir, pues les estira las patas ahí en sus narices.

Llegamos al hospital Universitario de Cali y allí la doctora que nos acompañaba se encargó de todos los detalles, hasta que no nos dejaron acomodados no se fueron,.

Ella se hizo cargo de ingresar al paciente, sacarle la historia clínica y luego nos llevaron a una sala donde lo revisaron.

Anotaron cosas, le cambiaron el vendaje de la cabeza, por un turbante más pequeño y nos mandaron al tercer piso.

Allí nos metieron a un cuarto que hacía un frío y no había ni una silla para sentarse.

Luego yo salí a comer algo y para dejar que entrara la hija.

Estando almorzando me llamó la hija que le habían dicho que le daban permiso de quedarse con el papá hasta que lo operaran, pues al parecer le harían la cirugía en la tarde.

Yo estaba feliz de que otra persona ocupara mi lugar. Sin embargo fue falsa alarma.

5 días en el Hospital Universitario

A las seis de la tarde le dieron comida, por que ese día no lo podían operar, por lo tanto la hija se quedó hasta que le dio la comida y le tocó salirse, ya que no dejaban a nadie acompañando al paciente.

Al otro día, miércoles ella debía regresar a su casa, pero antes quería dejar a su padre operado.

Por lo tanto estuvo parte de la mañana y nada, le tocó irse sin ver realizado su sueño.

Yo la reemplacé en el día y a las seis otra vez la enfermera va diciendo: «don Hugo ya puede comer porque hoy tampoco lo pueden operar».

«Cómo así cuál es la bananiadera que cogen, pónganse serios, lo dejan aguantando hambre todo el día para luego salir con que al fin no, que mañana sí, y mañana salen con otro cuento raro. Qué falta de seriedad.»

Yo estaba furiosa, como podrás entender. Y la pobre enfermera me dice:

«No es ninguna bananiadera, es solo que toca esperar la oportunidad.»

Pues vaya respuesta de mierda, pero bueno como dicen por ahí «el que espera desespera».

Le di la comida y me tocó irme, pues no me podía quedar allí.

Al jueves le dicen que lo operaran el viernes. Al menos no lo dejaron aguantando hambre ese día.

Esperamos lo más esperar otro día no era mucha la diferencia.

Aunque sí preocupaba que cada día se le iba cicatrizando la cara con el remiendo que le habían hecho en el hospital de Sevilla.

Allí le habían cogido la ceja con el cachete, por lo tanto tenía el ojo cerrado y además él estaba aburrido de esperar.

Creo que cualquiera se pone de malas con esa vaciladera.

El viernes por la mañana me llamó y me dijo que ya había firmado un papel para la anestesia.

El hijo estaba allá con él y al parecer también tenía que firmar algo.

Estaba de lo más animado, cuando al rato me llamó y me dijo que ese día tampoco lo iban a operar.

Después de tantos días tan mal. En ese momento sí que lo sentí desanimado y con la moral por los suelos.

Le dije que no pare bolas que esa gente está más loca que una cabra ahora dicen que no, luego dicen que sí, pero que en cualquier momento lo operaran.

Me dijo que si ese día no lo operaban era capaz de volarse de esa clínica.

Ya habían llenado su copa y el pobre se empezó a desesperar.

Mi hijo desde la mañana allá en la clínica hablando y moviéndose para presionar.

Las hijas por fuera poniendo tuits en internet la una, la otra mandado derechos de petición para que le hicieran todo en la cara no solo una parte.

Pues al parecer la EPS era la que no había dado la orden para la operación.

Pero antes de que todo se saliera de control, un médico muy amable y viendo la desesperación del paciente, le dijo que no se preocupara, que con orden o sin orden esa misma tarde lo operarían, que ellos asumirían el riesgo y que había una doctora que le haría toda la reconstruciòn.

No se sabía era si lo de la nariz también, pues habían dicho que eso era algo que no lo cubría la EPS, aunque se haya dañado en un accidente era una cirugía estética.

Mi hijo me llamó antes del mediodía para que fuera a reemplazarlo ya que el tenia que ir a trabajar.

Llegué antes de la una y ahí mismo empezaron los preparativos.

Crónica de una operación anunciada

El almuerzo esperando a ver si le hacían la judía de siempre, pero esta vez no fue así y la enfermera jefe me dijo que si quería me lo comiera yo.

Yo le dije que se lo podían dar a otro paciente, pero al parecer no es permitido y entonces me sacrifiqué.

Y qué tal que no hubiera almorzado, porque con lo que me comí al mediodía, me tocó pasar hasta las 10 p.m que me fui para la casa, ya que allí no había dónde comprar nada.

Antes de las dos de la tarde se lo llevaron para la sala de cirugías.

Yo me quedé afuera esperando, leyendo y tejiendo. Menos mal que ando preparada para que la espera no se haga tan tediosa.

Pero eso pasaban las horas y llamaban a los acompañantes de los operados, les daban alguna razón y seguían.

Yo al ver que a mi no me llamaban fui a averiguar a ver qué pasaba, ya que los hijos me tenían alzada del suelo sin saber nada del papá.

El portero me va diciendo que eso se demoraba, que no era como creíamos, que entraban y la preparación se demoraba como dos horas.

Luego la operación, que hay un médico debía salir y avisarme de cómo había salido en la cirugía y que luego se demoraba como 4 horas de recuperación.

Así que conclusión, tener paciencia que esto iba para rato.

Yo seguí tejiendo la red y dando la información que me habían dado.

Al rato al ver que nada que me llamaban, vi a una doctora dando información y me acerqué a preguntar.

Me dijo que había sido una cirugía muy delicada y que estaba en recuperación, que le trajera un jugo con pitillo.

Una odisea salir de este hospital a traer un jugo, y yo con ganas de comprar algo para comer.

Me fui buscando la salida y se me acercó una chica que también iba buscando qué comprar.

Según ella yo le daba confianza para no perderse en ese laberinto.

Pobrecita, no sabe a qué palo se arrima, pero bueno así me sentía yo también acompañada.

Nos dejaron salir a la calle a comprar, pero para entrar que problema.

Según el portero tenía que tener una orden de la doctora para dejarme pasar el jugo.

Cómo así piensa que voy a ir a molestar a la doctora para esa bobada, si llevo el jugo es por que ella me dijo que le podía dar un jugo.

Después de mucho discutir me dice que la comida no la podía entrar.

Bueno, la comida la puedo dejar, pero el jugo si debo llevarlo. Además la comida es para mi, no para el enfermo.

Que no, que no se podía entrar comida.

Bueno entonces guardela aquí mientras voy y salgo ahora.

Bueno pero no se demoren mucho, nos dijo .

Llegué a la portería de las cirugías y no me dejaron pasar.

Que ellos le pasarían el jugo, que mientras tanto me fuera a dormir, ya que por esa noche no me lo dejarían ver. Entonces que para que me iba a quedar ahí durmiendo mal en las sillas, que podía volver a las 7:30 de la mañana.

Y yo toda zorombatica le hago caso al portero y me voy. Pero con un remordimiento de dejarlo tirado.

Aunque pensaba que si no lo podía ver qué caso tenía quedarme ahí. Aparte de que la noche anterior había pasado mala noche pues la niña estuvo enferma y nos trasnochó a todos. Por lo tanto estaba que me caía de sueño.

Despertando solo y abandonado

Cuando llegué a la casa, me esperaba mi hijo muy preocupado al verme llegar triste.

Pensó que algo malo había pasado.

Le dije: pues si, lo dejaron allá y no me dejaron verlo, si se despierta se va sentir muy mal al no vernos.

Y para colmo mi teléfono estaba negro, no funcionaba. Yeso no lo arreglaba sino mi otro hijo que estaba en Sevilla.

Y ese era el único medio de comunicación que teníamos con la clínica, y no servía.

Me puse a tratar de arreglarlo ya que Víctor me va diciendo que hay que destaparlo.

No, no se puede destapar, Andrés nunca lo destapa, no se ni que le moví, el caso es que revivió justo a tiempo para que entrara una llamada y era la de mi marido desde el hospital.

Al escucharlo pensé que me estaba llamando del más allá.

Como así, no que estaba en recuperación, entonces que hacia con un teléfono, me lleve el susto del siglo y ahí mismo que despierto a mi hijo que se había quedado dormido.

Victor su papa,

«Mi papá, ¿dónde?», «en el teléfono que vaya por el que lo metieron en el cuarto de San Alejo, que seguramente lo van a dejar por Covid.»

Como así, entre dormido no entendía lo que le decía el papá, le arreglé la ropa y sus enseres de aseo y que se fuera rápido a rescatarlo.

Pues había despertado todo desorientado, empelota y con las manos en los bolsillos.

Cuando llegó al hospital el papá estaba todo enojado y reclamando el que lo hubieran abandonado tan temprano.

Pues el se imaginaba que eran las 5 o 6 de la tarde.

No papá, son las 12 de la noche, mi mamá acabó de llegar a la casa, le dijeron que se fuera y que regresara mañana, no lo dejaban verlo.

Eso estaba que renegaba con todo el mundo, hasta con el señor que le llevó el refresco no se lo quería tomar, pero pudo más la sed que el orgullo y al fin se lo tomó.

Luego de explicado todo, ya con sus cositas volvió a ser persona.

Mi hijo estuvo hasta que lo echaron y una enfermera juraba y comía mocos que a mi me tenian que haber llamado y dicho algo sobre el paciente.

Pues en ningún momento la llamaron, muy raro decía ella.

Pues si muy raro e inconsistente decía mi hijo, por la mala información mi papá pasó un mal rato y nos lo hicieron pasar a nosotros también.

Si uno fuera de pleitos le armaba la bronca al portero por mala gente.

Pero bueno, ya con luz vio que el cuarto de San Alejo donde pensaba que lo habían tirado, era un cuarto a todo lujo con su cama cómoda.

Ya luego no se quería era ir de ahí.

Mi hijo llegó como a las tres de la madrugada y al otro día se fue temprano a ver si le daban salida.

La doctora que lo operó dijo que ella firmaba la salida, pero como es todo un proceso pues siempre se demoró hasta la tarde, y eso por que mi hijo estuvo acosando y diciendo que teníamos que viajar temprano al pueblo por que lo iban a cerrar por la pandemia.

Hicieron lo posible, decía el médico de turno para darnos la salida ligero, pero él como que ya no tenía afán por salir de allí.

Estaba de lo más cómodamente instalado.

Luego llevé los papeles para el paz y salvo, no fue tan engorroso como me lo imaginaba y ya mi hijo nos estaba esperando para irnos para la casa.

Postoperatorio y revisiones

Nos dieron cita para los tres días siguientes ir a una revisión.

Lo revisaron y le dijeron que en dos semanas regresara a ver como iba evolucionando, que lo veían muy bien y ahí fue donde el médico nos dijo lo de la cosida del ojo.

Es que él no me creía cuando yo le decía que le habían cosido la ceja con el cachete y que si se quedaba así quedaría como cuasimodo.

Al menos le explicaron sobre esto. Y claro, no soy una especialista pero eso se veía a simple vista.

Lo bueno es que pudieron reparar el entuerto y ahora toca es esperar a que se le baje la hinchazón que le quedó .

A los quince días volvimos, lo revisaron, le acabaron de quitar los puntos y hasta la nariz le quedó muy bien.

Sin embargo sigue muy hinchado del párpado y de la parte del cachete.

La médica le dijo que se hiciera pañitos de caléndula y que regresara en un mes.

Ahí anda haciéndose sus pañitos, tomando unas pastas para la hinchazón y una gotas de lagrimas falsas que le dijo la doctora que se echara.

Y después de toda esta odisea que vivimos durante una semana, dejamos de ser populares.

Pues el teléfono que no paraba de sonar a cada momento, ahora suena de vez en cuando.

Y nosotros tenemos una buena anécdota para compartir meses después, porque vaya susto el que pasamos todos.

Al menos podemos decir que nos salvamos de que lo dejaran por Covid, uno de los grandes miedos que teníamos de ir a una clínica y todos estuvimos bien y sin problemas.

Hoy se encuentra mucho mejor y aunque han pasado meses, todavía sigue algo hinchado, pero la vuelta a casa y a la normalidad le ayudó mucho para su recuperación.

Y yo me di cuenta que puedo ser hasta buena enfermera y compañía, cuando no queda de otra 🙂

Por Amparo Bonilla

Me considero una apasionada de la vida, soy alegre, optimista y siempre encuentro lo bueno de lo malo. Tengo una filosofía de vida que consiste en hacer lo que me gusta, cuando quiero hacerlo y sobre todo sonreír porque la vida serie es muy aburrida...

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