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Cosas que pasan

¡Oh, sorpresa!

Hoy vino el señor que arregla máquinas de coser y se puso a echarme cuentos. Hace días me arregló la máquina y de vez en cuando pasa a ver como va. Como coso poco, pues de más que va bien, hasta el momento. Hablando de casos y cosas me contó de algo que le había pasado hace años con una fileteadora que una señora le dijo que le llevara. A él en el almacen le fian, mientras que él hace el negocio.
Asi que le llevó la fileteador a la señora y ella lo enredó con la plata que volviera más tarde y más tarde fue que cerraron el banco, según ella, había que esperar hasta el otro día y él en una ciudad ajena le dijo que no tenia forma de quedarse pues los viaticos no abarcaban hotel, ella muy amable le ofrecio prestarle para el hotel o mejor le regaló para que se pagara hotel esa noche. Y se iba a llevar la fileteadora y la señora esta le dice que para que se va a encartar con ella, que la deje y al otro día ella le da el dinero, que ni modo que se fuera a ir de allí, pues la casa era propia.
Muy confiado él se fue al hotel y al otro día que llegó, tocó la puerta mucho rato y ni las luces de la señora, miró por un huequito y solo vio papeles en el piso, una vecina que lo vio allí le dijo que la vieja esa se había ido tumbando a todo el mundo en el pueblo y a ella debiéndole 4 meses de arrendo, asi que si le debía algo que le echara la bendición.
Pues muy aburrido y varado quedó el señor en este pueblo, le tocó rebuscarse el dinero para regresar y lo peor fue ir a darle la cara al dueño del almacén que le pegó su taquiada y ni le creyó que lo hubieran robado, pues ahí le toco trabajar para pagar lo que no se había comido.
Al cabo de un tiempo, como andaba de ciudad en ciudad, llegó  a una donde un señor le dijo que fuera donde una señora que tenía una máquina nuevecita que no la había podido hacer funcionar.  Él apenas escuchó esto sintió el pálpito que de pronto fuera su máquina y llegó a la dirección que le dieron, le abrio la puerta una niña y él le dijo que le dijera a su mamá que iba de parte de su amigo, para arreglarle la máquina, ahi mismo que la  niña fue a llamar a la mamá.
El puso un pie dentro de la puerta, pero escondio el cuerpo para que la señora no lo viera hasta que no estuviera ahí cerquita y que cuanlo lo vio, se le pinto el espanto en la cara y quiso cerrarle la puerta en las ñatas, pero él ya estaba prevenido y no la dejó cerrar y le dijo que o le daba el dinero de su máquina o la denunciaba con la policia, que a él no le interesaba el aparato sino la plata.
Pero ella hí mimso le dijo que no tenía dinero en esos momentos que regresara la otro día, ¿si para que me haga lo mismo de la otra vez? de aqui no me muevo sin mi plata o se atiene a las cosnecuencias.
Pues que se sentó afuera en el anden y la vio salir con un equipo, computador y varias cosas hasta que le consiguió el dinero y le pidio que por favor no fuera a decir donde estaba a las otras personas y que si le iba arreglar la maquina.
«¿Qué, está loca?, ni de fundas, arregleselas como pueda» y se fue.

Entonces me acordé de un cañingo que tenia hace días, una fileteadora que no funcionaba y una señora, la modista de confianza, me dijo que se la prestara que ella la arreglaba y luego me la pasaba, pues que levantó vuelo con mi fileteadora y hasta el sol de hoy, ni idea para dónde se fue. Bueno, al menos me quito un peso de encima, me estaba estorbando por todas partes y sin servir, para que, a lo mejor si la hizo arreglar se beneficiará de ella y sino le servirá de carga, como su conciencia.

Nos reímos un rato de los cañingos, más le hace falta a ellas que a nosotros, más si obran de mala fe, se encartan con lo que se roban.

Por Amparo Bonilla

Me considero una apasionada de la vida, soy alegre, optimista y siempre encuentro lo bueno de lo malo. Tengo una filosofía de vida que consiste en hacer lo que me gusta, cuando quiero hacerlo y sobre todo sonreír porque la vida serie es muy aburrida...

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